sábado, 5 de junio de 2010

DIMENSIONES

Tu presente fugaz, tu ahora escurridizo, están en el centro de una cruz hecha de tiempo y espacio. Tu hoy hecha raíces en tu ayer y extiende sus manos hacia tu mañana; frágil eslabón de una cadena, se tensa entre el pasado que viviste y el incierto futuro que te desafía. Tus pies pisan la superficie de la tierra, cuyas entrañas te ocultan su misterio; tus ojos miran hacia el cielo, deteniéndose en el umbral de una inmensidad oculta.

Pasado y futuro, profundidad y trascendencia, son los brazos de una cruz que te atraviesa, dándole a la pequeñez de tu momento dimensiones formidables.

Tu pequeño corazón, en el centro de tu pecho, se dilata y se enriquece con los archivos de tu pasado, los proyectos de tu futuro, la profundidad de u a vida que surge desde las honduras, y el llamado que, desde la altura, te exige trascenderte, para ser más que tú mismo….

Puesta de sol

 

PASADO

Tu pasado puede ser para ti la tierra firme, sobre la que apoyes tus pies para tu marcha. Y puede convertirse en atadura que te impide avanzar hacia el futuro. Arráigate en él, sin atarte a él. No te ates por la culpa que entristece y paraliza. Libérate con un perdón generoso, reconociéndose el derecho de crecer aprendiendo, con aciertos y con yerros, con virtudes y con pecados. El perdón te arraiga en tu pasado; la culpa de ata.

Tampoco te ates al SDC10413pasado con tus resentimientos; esa maraña de emociones contenidas y sentimientos amargos, que te impiden vivir el presente con frescura, mirando y esperando las novedades del futuro. Libérate del resentimiento con la gratitud. Agradece todo lo vivido, lo bueno y lo malo. El hombre sabio sabe hacer con lo malo de su vida, esos escombros que sostienen la solidez de su edificio. El resentimiento te ata a tu pasado, la gratitud te arraiga en él y te libera.

 

FUTURO

Los animales tienen mañana, porque viven en el tiempo pero no tienen futuro porque no lo saben. Los animales caminan por caminos circulares y mueren en el centro, siendo lo que fueron. Tú caminas hacia adelante, por caminos rectos o tortuosos, para alcanzar la meta de ser tú mismo; el que todavía no eres. Tú puedes poblar tu futuro con proyectos. Tú haces la historia con esperanza. El secreto está en que descubras y aceptes frontalmente el desafío de SER TU MISMO. Porque para esos dispones de ese tiempo que llamas tu futuro.

El secreto está en que no te evadas, por temor al desafío, y te lances en la loca carrera de llenar el vacío que te habita, multiplicando tus posesiones. CRECER para SER MAS TU MISMO te libera; correr para TENER MAS COSAS te esclaviza y te aliena. Llama y nombra como quieras lo que puedes alcanzar para TENERLO; dinero, poder, fama… ; nada llenará el vacío doloroso, que duele en tus entrañas, cuando dejas de crecer como persona, para SER MAS TU MISMO.

Arrojado sobre el camino del tiempo, sabedor de que te aguarda tu futuro, debes anticipar tu ingreso al santuario del mañana, enarbolando proyectos e ideales, que justifiquen tu andar de hombre, en busca de ti mismo.

Contar con tu futuro, asumiendo tu realidad temporal, te exime del peso paralizante de verte obligado a ser lo que no eres, y te otorga el derecho a la paciencia, para esperarte a ti mismo, caminando esperanzado.

Ser de tiempo y caminante, sabes que al final SDC11131de tu camino te aguarda el desafío de la muerte, no para vaciar de sentido tu existencia, sino para llenar de sensatez tus días, invirtiéndolos en SER, y no malversándolos en TENER o PARECER. Porque la muerte desnudará tu realidad, arrebatando tus posesiones, desenmascarando tus apariencias, y dejándote en tus manos, solamente lo que ERES.

PROFUNDIDAD

Tú tienes el desafiante privilegio de cerrar tus ojos y mirar hacia adentro, hacia la hondura de tu vida interior. ¿Sabes por qué hablamos de personas superficiales y de personas profundas? Porque no todas las personas descienden hasta el fondo de sí mismas, para tomar posesión de su profundidad e instalarse en ella. Es casi imposible describirlo con palabras, pero todos percibimos claramente desde dónde nos miran y nos hablan las personas: desde la superficie de su piel, o desde la hondura de su interior. Es una vivencia inmediata. Porque los animales son playos como las aguas del charco; pero tú tienes la profundidad  del mar…

Tu interioridad es un santuario, que despierta tus temores. Ámbito sagrado de tu mismidad, arca que encierra los secretos de una identidad aún desconocida, templo donde te aguarda Dios, desde las raíces de ti mismo, desafío para que mires de frente tu soledad y vivas el encuentro.

Sí, porque tu soledad es eso, posibilidad de encuentro. Por empezar contigo mismo; y aunque te parezca imposible, te amenaza el riesgo de acabar el camino de tu vida, siendo para ti un extraño, con quien nunca celebraste un encuentro, cara a cara.

Y el encuentro contigo es condición para tu encuentro con Dios y con los otros. Por eso, aunque parezca paradójico, solamente si te encuentras contigo en la soledad que habita tus honduras, supera la solitariedad que te rodea, desde afuera, y dejas de estar solo para siempre, porque habrás descubierto en tus entrañas la comunión contigo, con tu Dios y tus hermanos.

TRASCENDENCIA

Tensionado por el tiempo, que circunscribe tu instante presente entre el pasado y el futuro, también te desafía el espacio, haciéndote sentir que la planicie superficial en la que te mueves, se asienta sobre una profundidad abismal y se abre a una trascendencia, que te hace mirar hacia la altura. Porque el hombre es más que el hombre. Porque, como una flecha arrojada al blanco, tu marcha no tiene sentido sino apuntas hacia arriba, donde te aguarda Dios, el mismo que te engendra y te empuja desde adentro, y se hace contigo caminante.

Solamente tu apertura a la trascendencia, al desafío de vivenciarte siendo más tú mismo por lo que te falta que por lo que eres, te hará sentir en carne viva la aventura de ser hombre, nacido de Dios, como el río va hacia el mar.

El león caza su presa, la devora y descansa largamente, hasta que lo acosa el hambre, nuevamente. El hombre alcanza una meta, logra un objetivo, y no puede detenerse, porque un hambre insaciable lo inquieta permanentemente. Ninguna meta alcanzada, ningún objetivo logrado, saciarán tu sed de infinito ni calmarán tu hambre de lo eterno.

¿Por qué hablar de lo infinito, si sólo conocemos lo limitado? ¿Por qué soñar con una dilatada eternidad, si sólo conocemos la estrechez del tiempo? ¿Por qué buscar la felicidad, si sólo conocemos fugaces momentos de alegría?

Pregúntale a tu corazón por qué no se conforma con su condición de prisionero de la finitud de todo; porque no se resigna, como pájaro enjaulado, a los estrechos limites donde lo encierran el tiempo y el espacio; por qué no se da por satisfecho con la fugacidad huidiza de sus breves alegrías; por qué se atreve a soñar… y a esperar…, más allá de lo que parece razonable.

Pregúntale a tu corazón, y tal vez te diga que tampoco él tiene repuesta clara…; pero no por eso dejará de aguijonearte sin descanso, para que busques más allá de todo lo que tienes, del encuentro con Alguien que te tenga…

PRESENTE 

Todas tus dimensiones se agolpan y entretejen, para darle a cada instante de tu vida la densidad y la riqueza de ser hombre.

Por eso, mientras no hundas tus raíces en tu pasado hecho tierra abonada por tus experiencias; mientras no aceptes frontalmente el desafío de encarar tu futuro, con la responsabilidad de crecer para SER el que aún no eres; mientras no desciendas a la hondura y a la profundidad de ti mismo, para encontrarte a solas contigo, y posibilitarte el encuentro con tu Dios y tus hermanos; mientras no mires hacia lo alto, para sentirte invitado a trascenderte, y encontrar e Dios la plenitud de ser tu mismo…; no habrás conocido el asombro y la alegría de sentirte llamado a ser un hombre.

En el centro de esa cruz imaginaria, donde se cruzan la horizontalidad de tu tiempo y la versatilidad de tu espacio, vives tu presente, lleno de presencias. Porque si miras tu pasado, constatas que desde siempre caminaste con tu Dios y tus hermanos…

Y esto de tal modo es cierto que hoy eres la suma de tus relaciones, y el resultado del amor que recibiste y del amor que brindaste. Si diriges tu mirada hacia el futuro, verás que el desafío sigue siendo el mismo: el de ser con los otros, con tu Dios y tus hermanos.

Si sondeas tus profundidades o te arrojas en vuelo a las alturas, siempre verás el rostro de tu Dios y el de tus hermanos, saliéndote al paso, para celebrar un encuentro. Así, todo te dice que no eres tú mismo sin los otros, y que los otros son para ti según  los ames y te amen; que, en fin, tú serás tu amor…

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