sábado, 5 de junio de 2010

DIOS

Tal vez las palabras más hondas son las que paladeas en silencio, porque si la dices e voz alta te defraudan, parcializando tu mensaje; como cuando dices: Dios.

Tal vez nunca nombre a Dios tan claramente, como cuando callas absorto ante al amor, la bondad y la belleza; contemplando en oración silenciosa un Dios que es inefable.

Tal vez la voz más importante la oigas en tu silencio, cuando la voz de tu conciencia se hace una con la voz de Dios.

Tal vez la realidad más importante la descubras con tus ojos cerrados, cuando en el templo de tu interioridad, mirándote a ti mismo, te veas a ti en Dios. Tal vez los caminos más importantes los camines con los pies detenidos, marchando con tu espíritu hacia adentro, donde Dios te habita.

Tal vez encuentres la totalidad buscada cuando encuentres el vacío pleno, porque Dios es el todo que se parece a la nada; Dios es la plenitud, que se siente como un vacío que te abarca; Dios es la luz, que se parece a la noche porque te deslumbra.

Tal vez contemples el rostro de Dios, cuando no veas nada, después de haber roto en el camino todas sus imágenes.

Tal vez te esté invadiendo Dios con su presencia, cuando sufras el vacío de su ausencia. Tal vez no hayas encontrado a Dios, mientras no llores la dura soledad de haberte perdido.

Tal vez goces de la presencia de Dios cuando vivas la seguridad de que es El quien te posee y no tú quien lo tiene. Porque Dios es como el Mar…

Si el pez dijera: “no existe el mar” , el mar no dejaría de existir, y sin él el pez se moriría. Cuando tu dices: “Dios no existe”, Dios no deja de estar ahí, conteniéndote como el mar contiene al pez. El pez descubre que el mar existe cuando, atrapado en la red, es arrojado en las arenas de la playa. El hombre siente que Dios existe cuando su olvido lo deja en el vacío… Cuando hablas de Dios no habla de Dios, sino de lo que significa para ti.

Por eso, no pretendas imponerle tu Dios a nadie.

Un pez buscó las aguas y, aunque vivió dentro de ellas, murió pensando que no existían, porque no las vio.

Un pájaro buscó el espacio, y, aunque vivió dentro de él, murió pensando que no existía, porque no lo vio.

Un hombre buscó a Dios y, aunque vivió en El, murió pensando que no existía, porque no lo vio.

Yo buscaba un pez y lo encontré en el agua. Yo buscaba un pájaro  y lo encontré en el espacio. Yo buscaba un Dios y lo encontré en el hombre; y me descubrí en El con mis hermanos, como el pez en el agua, como el pájaro en el aire.

Si te propones ayudarme para que encuentres a Dios, más que hablarnos de Él, ámame. Porque Dios no está más presente donde se le nombra, sino donde se ama. Y es más testigo de Dios el que ama sin nombrarlo, que el que lo nombra sin amar. Tus palabras me hacen pensar en Dios; tu amor hace que lo sienta presente.

Si los que se dicen creyentes, mostraran que de veras creen en el hombre, a muchos les resultaría más fácil creer en Dios.

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