sábado, 5 de junio de 2010

REMANSOS

PARA SEGUIR ANDANDO…

Amigo:

estas páginas son para ti, si de veraz te sabes y te sientes caminante y peregrino; si quieres hacer de tu andar un camino hacia la Meta, y no un ciego divagar sin rumbo, necesitas detenerte, hacer un alto, para luego retomar el paso con sentido, después de recuperar tus energías y rectificar los rumbos.

Te entrego estas simples reflexiones de un caminante como tú, para que hagas de estas páginas un puerto para recalar, y no para tu desembarco final; para que prosigas animado, alegre y optimista, la maravillosa travesía de la vida, hacia el puerto final… Y allá, ¡así lo espero! celebraremos el encuentro cara a cara, después de haber peregrinado tú y yo, cada cual por su camino, ¡hacia una misma Meta!

¿Te detuviste alguna vez junto al río, para contemplar ese correr infinito de las aguas? ¿Viste ese lugar donde el barranco se abre  para ensanchar el cauce?   Ahí las aguas fatigadas aprovechan el recodo y se recuestan sobre la orilla.  Junto a la costa se remansan en remolinos, se repliegan sobre si mismas como para encontrarse y descansar….  Hasta que en un arranque decidido   dejan el lugar para que los otros llenen otras aguas,  y abandonan su refugio para seguir andando… Tú también necesitas remansarte, detener la marcha, volver sobre ti mismo,  encontrarse desde adentro, para luego reemprender la marcha peregrina.

Las aguas del río corren cuesta abajo, porque el peso las arrastra sobre el declive del cauce, hacia un mar que las espera, ¡allá abajo! Tú caminas cuesta arriba, porque tu espíritu te llama desde lo alto y te empuja desde adentro, hacia el encuentro con Dios, contigo mismo y con los otros, trascendiendo la limitación y la inmediatez de tu presente.

Toda la vida es un ritmo de marchas y descansos, de avances y repliegues, de acciones y quietudes, de palabras y silencios… Tu corazón late incesante dilatándose ampliamente y recogiéndose en la calma; tus manos se abren extendidas en ofrendas o en pedido, y se cierran recogidas, fatigadas, temerosas u ofendidas; tus pulmones se tensan expandidos, llenándote de vida, para luego distenderse, pasando de estar llenos a vacíos… Tu duermes y despiertas; tú naces y tú mueres… ¡para seguir viviendo!

El león corre en la selva para alcanzar su presa. El ciervo corre huyendo del león para salvar su vida para alcanzar una meta. El hombre es el único animal capaz de correr sin detenerse nunca, para huir de si mismo, sin rumbos y sin metas. ¿Para qué corres tú las caminos de la vida? ¿ Por qué no te detienes para darte una repuesta?

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